domingo, 18 de mayo de 2014

La dicotomía falsa oficial de las políticas de alfabetización inicial y de inclusión

Interesante y provocadora, para el debate, la nota de Luz Alcain en la Revista Análisis esta semana, titulada “Libros prohibidos”. Habla de la política de “alfabetización inicial”, que es el nombre teórico ampliado que ahora le dan a la línea de promoción asistida de 1er a 2do grado (pasar sin repetir, etc), de la “prohibición de usar manuales” , de avanzar con textos literarios y otros métodos, entre otras cosas.

La periodista reconoce en parte y bien la complejidad del contexto: haciendo consultas en CGE y escuelas, viendo las deficiencias, viendo la falta de inversión del Estado, la desconfianza de los docentes y de los padres, en la situación actual.

¿Es progresista, democrática, popular y transformadora la política oficial de alfabetización inicial?.

El otro día di mi opinión en el debate de una asamblea en María Grande: si el contexto fuera de justicia económica y social y buen desarrollo educativo, ésta política sería tal vez una preocupación por perfeccionar y democratizar la enseñanza en los primeros grados. Pero en el contexto real actual de políticas de ajuste, entrega y descomposición política, económica, educativa y social, ésta política es un parche más para degradar el sistema educativo y seguir intentando hacer, infructíferamente, de la escuela una gran oficina de acción social.

El contexto real y lo que viene haciendo realmente el gobierno te indica el sentido real de su política.

En otros países, caso EEUU -y con todos sus problemas y contradicciones-, ya están enseñando programación informática desde la escuela primaria.

Plantear apertura pedagógica sin exigencias ni responsabilidades de todos es demagogia y degradación escolar. Por supuesto que, por otro lado, continuar con prácticas pedagógicas tradicionales y cerradas no lleva a ningún lado. Esa no puede ni debe ser la opción de los trabajadores docentes. Esa es una falsa opción.

La escuela pública y la docencia resisten, sufren, aciertan, erran, todo junto al mismo tiempo. Nuestra opción es la soberanía pedagógica, es la práctica pedagógica abierta, exigente, responsable, democrática, creadora, concientizadora, movilizadora.

Y esa renovación pedagógica y educativa se potenciará -porque el docente se multiplica y hace lo que puede todos los días- de la mano de la valoración económica, política, social y cultural del trabajo docente y de la escuela pública. Y vendrá de la mano de un cambio de contexto, de un cambio cultural integral, y de una política educativa que, como las demás políticas, debiera ser también abierta y democrática.

Mauricio Castaldo

Sec.Gral.Agmer María Grande

18/5/2014

Debate Abierto

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